miércoles, 9 de abril de 2008

I'm not Licked


Como periodistas, tenemos la posibilidad de arruinar, si es que queremos, la vida de alguien o, en caso contrario, glorificársela. Y todo esto mediante la noticia. Este conjunto de palabras basta para provocar un punto polémico que luego se convertirá en una erupción de “cahuines y chismes” que apenas esperan por salir de la boca de nuestros siempre atentos e instruidos “opinólogos”.


En un caso como los de ésos, se vio involucrado Mr. Smith, un joven senador norteamericano, idealista y con una moral sublime, que tropieza con oscuros intereses creados cuando presenta en el senado una moción intrascendente. En ese momento entra en juego la labor de los medios, los que pertenecen a un poderoso hombre, enfrentado por este inexperto y cachorro senador. Y la misión de tan poderosa arma será nada más y nada menos que denigrar, arruinar, incriminar y ensuciar la vida de este inocente monitor de boy scouts.


Digan lo que digan, los periódicos y emisoras del magnate al que ha osado contrariar, van a insistir en atribuirle mentira tras mentira. No importa que no exista base para ello: si hace falta inventar pruebas o manipular datos, se inventan y se manipulan. Lo esencial es que, cueste lo que cueste, el señor Smith y su carrera política deben quedar enterrados para siempre en el cementerio del oprobio.


Sin embargo, no ensuciemos ni critiquemos más a nuestro hermoso periodismo o, para ser más específicos, a nuestra noticia. Que así como se encargó de acusar de farsante y mentiroso al señor Smith, también pudo limpiar el nombre de a quien alguna vez le dijeron «Este sitio no es para ti, porque tú eres medio decente».

miércoles, 2 de abril de 2008

And the winner is...

Es ese día en que despiertas con aquel sol primaveral que entra por tu ventana y entibia tu rostro, esos momentos cuando eres dueño de todo lo que te rodea, que se resume en sueños y tranquilidad, pero no necesitas más que eso. Un gesto acogedor de tu mejor amigo, una caricia de la persona indicada, cuando las palabras son innecesarias, más aún, son aquella extremidad sin uso que nos estorban cuando sólo queremos expresarnos sin éstas.


Es imposible de alguna manera tratar de abarcar en 77 palabras aquel sentimiento, sin embargo, todo eso e incluso más es Little Miss Sunshine, un montón de emociones y palabras torpes en el mundo de una pequeña niña que quería ser reina de belleza.

viernes, 28 de marzo de 2008

¡Sí mi entrenador!



Dos hombres semidesnudos corren por una playa vacía, mientras se miran de reojo diciendo sin hablar: sigamos, no nos detengamos. El aroma de la testosterona y el sudor de aquellos dos estructurales amigos, se impregna en nuestros ojos y pensamientos. El esfuerzo y cansancio de Rocky, es apaciguado por el espíritu amistoso de su entrenador. La tensión sexual entre ambos es evidente, sin embargo camuflada en exhaustivos entrenamientos. La fuerza, los golpes y forcejeos son la excusa perfecta para dar paso al roce y terminar luego, en abrazos.


Un Rocky agotado, casi rendido, sólo levantado e inspirado por su entrenador, quien le enseña sin descanso y sólo por pasión las intrincadas técnicas del box.


Las oportunidades de expresarse son infinitas, desde que se encuentran solos en la ardiente arena de la playa hasta en un cuadrilátero rodeado de hombres rudos y encolerizados. Es sólo cuestión de tiempo para que flaqueen sus corazas y se entreguen a sus sentimientos, lo que no tardó en suceder: en aquel momento en que Rocky supera a su maestro en la playa, se miran al rostro y en un pasional abrazo, anteriormente contenido por ambos, se lanzan al mar mientras las olas limpian sus transpirados cuerpos, en una escena digna de una erección.